Idealizo tus “te quiero”
como tus dedos en mi boca,
haciendo círculos hasta
encontrar el fondo.
Y es cuando enajenan mis virtudes:
te pienso, te siento, te quiero,
cada vez más que el día del más lejano pasado.
Tan profundo y misterioso,
me despliego a tu vacío.
No tengo miedo.
Tengo hambre,
tengo sed,
tengo tanto de nada.
Y solo acudo a ti,
mi resto glorioso,
etéreo, hermoso.
Algo ha colapsado
y me he despertado.
Es un día tarde para seguir
amándote.
Es oportuno ser miserable
y prejuicioso ser pretencioso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario